#ayerterminé
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Si Conde es un título de la nobleza no dudaría en otorgarte a @albertorobledo el de Conde del Twitter. Por acá su calle, hace varias semanas en Córdoba, España.
Ahora que ganemos la 10º tienes que venir Robi. Una pequeñita manera de demostrarte que te tengo presente en mi mente y que extraño tus misántropas conversaciones de alto nivel futbolístico, cinematográfico y literario.
#ayerterminé
Bonita y sincera la tercera definición que da la RAE de la palabra “Abogado, da”.
Lenny recibiendo un golpe en la nuca.
#ayerteminé
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¿Qué nombres me daría si yo le preguntara por tres destacados personajes de la historia de Nuevo León? Quizá incluiría en esa lista a Servando Teresa de Mier, José Eleuterio González y Alfonso Reyes.
¿Qué me respondería si inquiero sobre las casas en las que ellos nacieron o vivieron? La contestación a esta pregunta es la misma: ya no existen. Las tres construcciones fueron derribadas.
Eso viene a mi mente cuando leo las notas sobre el pasado hecho de la destrucción y sobre el presente plan de la reproducción de un bajorrelieve, obra de Federico Cantú Garza, en la UANL, que fueron publicadas durante dos días en la Sección Vida! de EL NORTE los pasados lunes y martes.
Y me hace recordar la frase empleada por dos habitantes de la Ciudad quienes, aunque pertenecientes a dos generaciones distintas, coinciden en un mismo cuestionamiento: ¿qué le pasa a Monterrey?
Porque al derruir los hogares del fraile, del médico y del literato, la comunidad perdió edificaciones que podrían ser símbolos emblemáticos de la vida y de la obra de individuos ejemplares.
¿Y qué se levanta hoy sobre dichos terrenos? Ése puede ser, quizá, el interrogante que se planteen algunos individuos. Va la respuesta: una tienda y dos estacionamientos.
Pero no nos confundamos. Lo que se perdió al demoler los inmuebles referidos no fueron edificios, sino testimonios materiales de tres trayectorias vitales que mucho aportaron y mucho representan.
Federico Cantú es uno de los más destacados artistas que ha dado Nuevo León y, desde luego, su trabajo es uno de los más acabados ejemplos de la plástica nacional del siglo 20.
El Maestro forma parte, quizá sólo junto con Alfredo Ramos Martínez, Fidias Elizondo y Julio Galán, de la más alta pléyade de pintores y escultores vinculados a nuestro Estado.
Y, por tanto, no conservar y no respetar su trabajo significa no preservar y no valorar la cultura, el arte y la historia.
Haber destruido, en 1976, el bajorrelieve de Cantú en el que aparecía el águila nacional protegiendo al escudo de la Universidad fue, para decirlo en una sola frase, un crimen contra la cultura.
Pretender reproducir ahora dicha obra es, para expresarlo en una sola línea, un atentado contra el arte.
Menospreciar de tal manera las creaciones del personaje es, para manifestarlo en unas cuantas letras, una acción contra la historia.
No es la primera vez en la que se deja de apreciar, en su justa dimensión, el trabajo de Cantú. Baste citar cuatro ejemplos de la manera como Nuevo León no ha sabido aquilatar el legado de uno de sus grandes maestros.
La destrucción del mural “El Flechador del Sol”, tallado sobre la montaña en el municipio de Iturbide.
El deterioro de los relieves sobre el tema de Nezahualcóyotl en la Facultad de Ingeniería Civil de la propia UANL.
El abandono de los lienzos con los temas de la Virgen de Guadalupe y del Cura de Ars en la Basílica de la Purísima Concepción.
La indiferencia ante el donativo de gráficas y el comodato de óleos y esculturas que el hijo del artista plástico, el maestro Federico Cantú Fabila, deseaba aportar para la fundación de un museo en la Ciudad.
Poco pasado tenemos y mucho hemos perdido. Derruimos las casas de Mier, González y Reyes. Cayeron también, por picota, hogares de individuos destacados en ámbitos empresariales, como Valentín Rivero e Isaac Garza.
¿Qué nombres me daría si yo le preguntara por tres personajes de Nuevo León? Uno de ellos debiera ser el de Federico Cantú Garza. Que Monterrey desprecie y destruya su obra demuestra ignorancia; que supiese valorarla y conservarla sería, en cambio, un acto civilizador.
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Publicado en el periódico El Norte el día sábado 6 de abril de 2013.

Rostro doloroso, escéptico, apaleado, trasnochado, rostro
sumergido en el bote de orines de la pesadilla, amargo e
imbécil,
duro con el pellejo de las ratas de Chapultepec, vanidoso
y triste, rostro en las lindes del cero, metálico por dentro,
lleno de ecos propicios a la risa, a su risa, a sus muecas
gratuitas y secretas, rostro de los barrios aéreos de México,
el rostro de Resortes.
¿Te acuerdas de Resortes?
El perfecto ciudadano
Del Distrito Federal
Sus muecas atroces
Su risa atroz
Iluminan el camino de mis sueños
Cuando regreso a México
Paso a paso
Siguiendo las huellas torcidas
De las estrellas