#ayervi
“No hay mejor almohada que un libro”, Roberto Bolaño.
En el capítulo treinta y cinco titulado “Ganas de tirarle a los aviones”, donde se relata “La crisis de los cohetes” coincidentemente ocurrida días después del nacimiento de su primer hijo Camilo, en las notas finales en la página 505 se transcribe una carta recopilada por J.F. Águila que dice:
Che: Me alegro al recibo de estas líneas se encuentre bien G.A.D. Soy una mujer vieja que he trabajado reparando los sacos de yute rotos, de azucar prieta, arroz y de papas de tierra roja, desde 1951, en mi máquina de coser eléctrica de zapatería, con un señor español que se fue para España. Ahora han “abierto” una fácrinca en Santa Clara y fui a buscar trabajo y me dijeron que las máquinas de ahora no son iguales a la que yo tenía, que todo era distinto. Vi a unas “muchachitas jovencitas” que yo creo que no saben nada de máquinas ni de sacos, por que les estaban enseñando. Mis hijos estudian en la Universidad y el mayor me ha prometido que cuando termine yo no trabajaré nunca más en mi vida. Como me dijeron que usted es el máximo responsable de todas esas fábricas que hay por ahí le escribo estas línes. Ayúdeme a conseguir una plaza y yo no lo haré quedar mal. Un beso. LCR
Justo de bajo con tu inconfundible letra ilegible resalta una estrella de David que pretende ser un asterisco y da entrada a la siguiente frase… No se cuestiona la empatía… se sabe entendida.
Revisé tres veces con minuciosidad tus múltiples exilios de las notas al pie y encuentro frases que reflejan una variedad de temas tan fantásticos como sinceros. La palabra empatía literalmente de tu puño y letra solamente la encontré ahí. Espero sea a la que hacías referencia pues demuestra una virtud del Che que resulta envidiable y poco común al día de hoy…
#ayervi y me hizo recordar lo bien que anda el traje del pinguino lleno de hule espuma y lo chingón de la escena cuando le muerde la nariz a su asesor de imagen.
#ayervi
If you can’t get what you want
Then you come with me.
#ayerterminé gracias por la recomendación @llloredo
#ayerterminé
“…Pues a mí lo mismo me da que digan que soy chileno, aunque algunos colegas chilenos prefieran verme como mexicano, o que digan que soy mexicano, aunque algunos colegas mexicanos prefieren considerarme español, o, ya de plano, desaparecido en combate, e incluso lo mismo me da que me consideren español, aunque algunos colegas españoles pongan el grito en el cielo… La patria de un escritor, dijo, es su lengua. Suena más bien demagógico, y sé que a veces no nos queda más remedio que ponernos demagógicos, así como a veces no nos queda más remedio que bailar un bolero a la luz de unos faroles o de una luna roja. Aunque también es verdad que la patria de un escritor no es su lengua o no es sólo su lengua sino la gente que quiere. Y a veces la patria de un escritor no es la gente que quiere sino su memoria. Y otras veces la única patria de un escritor es su lealtad y su valor. En realidad muchas pueden ser las patrias de un escritor, a veces la identidad de esta patria depende en grado sumo de aquello que en ese momento está escribiendo. Muchas pueden ser las patrias, se me ocurre ahora, pero uno solo el pasaporte, y ese pasaporte evidentemente es el de la calidad de la escritura. Que no significa escribir bien, porque eso lo puede hacer cualquiera, sino escribir maravillosamente bien, y ni siquiera eso, pues escribir maravillosamente bien también lo puede hacer cualquiera. ¿Entonces qué es una escritura de calidad? Pues lo que siempre ha sido: saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura básicamente es un oficio peligroso. Correr por el borde del precipicio: a un lado el abismo sin fondo y al otro lado las caras que uno quiere, las sonrientes caras que uno quiere, y los libros, y los amigos, y la comida. Y aceptar esa evidencia aunque a veces nos pese más que la losa que cubre los restos de todos los escritores muertos. La literatura, como diría una folclórica andaluza, es un peligro.”